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RELATO DE UN NÁUFRAGO (por Marcelo González)

02 de noviembre de 2010

"Hola amigos;

Utilizo el título del libro de García Márquez "Relato de un Náufrago", para contarles mi relato, de la conmocionante experiencia por la que acabo de pasar. Si hace unos años colaboraba en el rescate del trimarán "Groupama" de Franck Cammas o también de los jóvenes regatistas de minitransat que tuvieron problemas en cercanías de La Palma, hoy me tocó a mi ser el rescatado. Este es un pequeño relato de lo sucedido:

Luego de una recalada en Porto Santo (Isla cercana a Madeira) nos dirigíamos en un velero Bavaria 32 (11 metros de eslora) con otros dos amigos hacia el Estrecho de Gibraltar. La primera parte de la navegación desde Canarias habia sido muy buena y la idea de recalar en Porto Santo era de reponer un poco de energías y verificar la meteorología para los cinco días siguientes que nos restaban para llegar a la zona del estrecho. Me sentía feliz en ese momento, estaba realizando un lindo viaje, mientras uno de mis hijos disputaba el Campeonato de Canarias de laser y el otro navegando en optimist, en fin... "una familia de navegantes", pensé con orgullo. Para el primer día, el pronóstico daba vientos del WSW intensidad 15-18 nudos y ALTURA DE OLA-4-5 MTS. Una situación meteorológica ideal, es decir, viento favorable y altura de ola "soportable" para los que navegamos por esta zona. Los días subsiguientes se mantenía del WSW y finalmente el viento rotaba un poco al Norte, 20 nudos. Seguía bueno.

El viento nos llevaría sin problemas en rumbo directo hacia el estrecho...el viaje perfecto, pensamos todos... Pero algo iba a fallar en la previsión y en el medio del fallo, íbamos a estar nosotros en un pequeño barco de 30 pies. A las 36 horas de haber partido, el viento que tenía que ser de 18 nudos era de 40 nudos y las olas que tenían que ser de 4 metros, eran de 10. Fácil decirlo pero difícil vivirlo. Por el atardecer del día previo al rescate, ya íbamos "aguantando" con dos manos de rizos y un pequeño paño en proa. Las olas, eran verdaderas montañas que en mis 35 años de experiancia en la vela, no habia visto jamás. Ni siquiera en el Atlántico Sur, ni en el Golfo de Vizcaya ni en ninguna de las miles de millas que tengo en mis espaldas. Habíamos decidido bajar toda la vela mayor y mantener solo con un pequeño paño en proa, pero para no correr riesgos esperaríamos que amaneciera. y así lo hicimos. La velocidad del barco había bajado, y todo era mas controlable... Pero momentos después una verdadera "ola asesina" nos dio de lleno. 5 segundos antes de la ola, el barco se paro en seco, como si chocaramos contra una pared e inmediatamente después, "la ola asesina" nos dio de lleno. Yo iba al timón, pues ya el piloto automático no podía responder a los embates de las olas y sentí como si Mike Tyson me diera un golpe en la espalda.

El barco escoró hasta poner su mástil en la mar, inhundando el interior. Fernando, el amigo que iba en la litera del salón "aguantando", salio fuera como si hubiese visto al mismísimo demonio cuando la ola inundó la cabina. En un segundo todo era un desastre, sin energía, el barco con agua en su interior en fin, no se cuanto más. Pensé que el fin había llegado. Una vez "controlados emocionalmente", llamamos por satélite al Salvamento Marítimo, informando de nuestra situación, para que estuviesen alertas. La información que nos daban, no era alentadora, el viento comenzaría a arreciar en las próximas horas, y a medida que nos acercásemos a la costa (estábamos a 300 millas de la boca del Estrecho de Gibraltar) las olas no solo serían enormes sino que empezarían a romper, dado que la plataforma continental haría de catapulta de estas olas. Jorge, el armador del barco tomo la decisión que nunca jamás en mi vida pensé que me iba a pasar: ABANDONAR UN BARCO EN ALTAMAR. Se activó la radiobaliza y no pasó mas de un minuto en que recibimos la llamada al telefono satelital consultándonos si deseábamos una evacuación o un rescate. "EVACUACIÓN" le indicó a viva voz el armador. Entonces el operador nos informó que saldría un avión que reconocería nuestra posición y trataría de ubicar los buques mercantes en la zona. Una vez llegado el avión a nuestra zona, nos informaban que debíamos aprovechar una pequeña ventana de relativa calma, para el momento de rescate, pues mas tarde, el frente de tormenta se renovaría aun con mas fuerza y comenzaría a arreciar.

Era ahora o nunca. Uno de los barcos que en principio respondió al pedido de rescate, un carguero de 170 metros de eslora, informaba un rato después que había tenido un corrimiento en su carga debido a la altura de las olas, que le era imposible asistirnos. Sólo quedaba una sola opción para salvar nuestras vidas: un helicóptero de la armada portuguesa con base en el aeropuerto de Faro (Portugal). Esto quedaba a dos horas de nuestra posición y -segun nos informaban del avión que hacía de enlace- solo tendría 10 minutos para nuestro rescate, pues la posición era al límite de su autonomía de combustible. En ese momento, yo pensaba si era una película que estaba viendo. Que no era yo el que estaba ahí, que me despertaría de esta pesadilla.

Luego de un tiempo de incertidumbre, la comandante del avión SASEMAR 130, nos indicaba que en 25 minutos, el helicóptero (el más grande helicóptero de la armada Portuguesa) estaría sobre nosotros y que para ese momento debíamos abandonar el barco y ESTAR A BORDO DE LA BALSA SALVAVIDAS y llevar la radiobaliza por si se cortaba la boza y quedabamos a merced del mar en la noche. Decir esto es facil, pero vivirlo... El primero en saltar a la balsa fue Fernando, luego yo y luego Jorge. Yo llevaba la radiobaliza, atada a mi arnés con el cabo que traen y en una maniobra que aún no entiendo como pasó, este cabo quedó enredado en el guardamancebo del barco, haciendo tanta presión que me caería al mar. "JORGE, CORTA-CORTA EL CABO POR FAVOR!!!!" le repetí a gritos. Jorge con la navaja que tenía preparada, logró cortarlo y yo pude mantenerme en la balsa. De haber caído al mar, no se que sería de mi. Ver el velero desde la balsa es una imagen que jamás olvidaré. Para ese momento, el helicóptero estaba sobre nosotros. El ruido era infernal y el mar parecía que hervía con el viento provocado por las aspas. El primero en subir sería yo pues tenía un tremendo golpe en la espalda, luego Fernando y Jorge al Final. Cuando vi bajar al rescatador del helicóptero, es otra imagen que jamás olvidaré, cayó al mar y nado hasta la balsa.

Era impresionante ver como el helicóptero se mantenía en su posición con el viento que había. El rescatista subió a la balsa, y nos indicó que debíamos hacer. Me puse el arnés del cable que nos subiría a bordo del helicóptero, cerré mis ojos, me encomendé a Dios y sentí como en primer momento nos sumergimos en el mar cuando pasó justo una ola. No volví a abrir los ojos hasta que no estuve dentro del helicóptero. Y así hicieron con los demás. Una vez a salvo, fueron dos horas de vuelo hasta la ciudad de Faro, al sur de Portugal donde nos esperaban dos ambulancias que nos llevarían hasta el hospital de Faro, pues estábamos todos con hipotermia y con golpes en el cuerpo y conmocionados por la situación vivida. En el hospital había parte de las 500 personas que habían tenido que rescatar de sus casas de las costas de Portugal, según daba la información los medios.

Estaré agradecido para toda mi vida, de: Los Pilotos y Rescatistas del helicóptero de la armada Portuguesa (no se sus nombres), a los médicos y asistencia social del Hosiptal de Faro y a Salvamento Marítimo de España por la coordinación del SAR y en especial a la comandante del avión SASEMAR 130, que nos contuvo en los momentos de extrema tensión.

Un abrazo; Marcelo R. Gonzalez"

EL NAUFRAGIO DEL PACIFIC STAR

El SUBMARINO U-509
4 patrullas, 6 buques hundidos (36.220 tn) 3 dañados.

Comandantes
Del 4 de noviembre de 1941 a septiembre de 1942 Karl-Heinz Wolf
De septiembre de 1942 al 15 de Julio de 1943 werner Witte

La 2ª Patrulla
Zarpa de Lorient el 15 de octubre de 1942 hacia el Atlántico Norte. El U509 fue uno de los 8 uboot que se agruparían al este de la Azores. Estos uboot, bajo el nombre de grupo Streitaxt el dia 23 crearían una línea de patrulla hacia Freetown.
Cerca de las islas Canarias el grupo perseguía a un petrolero escoltado por dos destructores, no hubo éxito.
El día 27 el U409 avistaría al convoy SL 125 al oeste de las islas Canarias. El convoy cruzaría la línea de patrulla del grupo Streitax.
Ese mismo día los uboot U203 U509 y U659 alcanzarían al convoy.

Mensaje radiado desde Memel, lunes 26 de octubre de 1942.
A todos los comandantes:
Hemos interceptado al convoy SL-125 que desde Sierra Leona se dirige a Inglaterra. Lo componen 37 barcos y hemos dado orden de atacarlo en los próximos días.
Hoy el U-509 ha dañado al Anglo Mærsk (británico, 7705 Tm) al sur de las islas Canarias en cuadrícula DH 7531.
Hay 114 U-boats en alta mar.

Mensaje radiado desde Memel, martes 27 de octubre de 1942.
A todos los comandantes:
Continúa el ataque al convoy SL-125 que se inició.
El Anglo Mærsk (británico, 7705 Tm) que ayer fue dañado por el U-509 ha recibido el tiro de gracia por parte del U-604 de Horst Höltring .
Por su parte el U-509 se ha anotado el Pacific Star (británico, 7951 Tm) y el Stentor (británico, 6148 Tm).
Todos los hundimientos se han producido al noroeste de las Islas Canarias en la cuadrícula DH 7531.
Hay 119 U-boats en alta mar.

La luz salvadora del faro de Punta Cumplida en la isla de La Palma fue la que vieron los tripulantes del carguero británico Pacific Star el 31 de octubre de 1942, tres días después de que hubiera sido hundido a las 22:33 horas por el submarino alemán U-509, cuando navegaba en la posición 29º 16’ N y 20º 57’ W.
El día 28, la tripulación abandonó el barco y el tercer oficial de máquinas, señor Wren, anotó en su diario personal: “Todos los botes salvavidas fuera del barco sin peligro”.
El día 31 los náufragos del Pacific Star avistaron la luz salvadora del faro de Punta Cumplida, cuando se encontraban en noche cerrada cerca de las costas del Norte de La Palma. “Centenares de personas miran desde los acantilados.
Ven nuestro bote casi empujado contra las rocas. Nos dan una copa en un granero. Luego nos llevaron en un camión de ganado a otro sitio donde tomamos sopa y café. Luego, en una ambulancia, al Hotel Florida en Santa Cruz de La Palma”, en el que permanecieron hasta el 3 de noviembre, en que abandonaron la Isla.
El buque Pacific Star, propiedad de la célebre naviera británica Blue Star Line, había salido del puerto de Rosario (Argentina), vía Freetown, formando parte del convoy SL125, compuesto por 37 barcos, rumbo a Inglaterra, de los que sólo llegaron a su destino final un total de 25.
Los 12 restantes fueron hundidos en la guerra submarina por los temibles U-boat alemanes.
La persecución del grupo Streitaxt al convoy SL 125 termino 1 de noviembre al Oeste de Lisboa
El Fin del U-509
La 4º patrulla zarpa de Lorient el 3 de julio de 1943 hacia el Atlántico Sur
El U-509 formaba parte de un grupo de combate conocido como “Gruppe Monsun” cuya misión era llevar a cabo operaciones ofensivas al norte del océano Indico, en el mar Arábigo.

Además cada uno de los U-Boats del Grupo llevaba un cargamento especial para ser entregado en Japón.
El U509 cruzaría la zona central del Atlántico Norte Para dirigirse a una zona de reabastecimiento situada al sur de las Azores.

El día 15 de julio el U509 seria localizado a 180 millas del sur de las azores por un avion Avenger (Teniente C.Barton) y por un Wildcat ( ens Anderson) del CVE-29 procedentes del portaviones de escolta USS Santee.
El caza haría tres pasadas ametrallando al uboot que se sumergía .
El avenger lanzaría un torpedo acústico en la estela del U509.
Poco después hubo una gran explosión seguida de una gran mancha de combustible.
No hubo supervivientes, 54muertos.
La posición del hundimiento del U509 fue 34º02N 26º02W

Fuentes:Juan Carlos Díaz Lorenzo y 24flotilla.com

UN CAZA NORTEAMERICANO AMERIZA EN TIJARAFE DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

La situación privilegiada del Archipiélago Canario hizo que la Marina alemana situase submarinos en sus proximidades, tanto durante la I Guerra Mundial como en la Segunda.
Al menos seis de ellos navegaron de manera ininterrumpida a lo largo de la contienda. Mientras, los americanos, que habían decidido ayudar a Europa en su lucha contra el nazismo, tuvieron que echar mano de toda clase de navíos para defender los convoyes que llegaban hasta el Reino Unido.

Este fue el caso del Grupo de Tareas 21, constituido por el portaaviones USS Block Island y los destructores de escolta USS Ahrens, USS Bars, USS Bucley y USS Eugene E. Elmore, junto con el Escuadrón VC-55, que salió de su base de Norlfok el 22 de abril de 1944 con el objetivo de luchar contra los submarinos al oeste de Cabo Verde, según consta en los archivos de la Zona Marítima de Canarias, en el legajo 13, la carpeta 52, que se encuentra en la 2ª Sección de Estado Mayor.
El 1 de mayo toman contacto con un submarino enemigo y comienza la caza. Al quinto día esta da resultado positivo y el submarino es destruido en esta acción y treinta y seis prisioneros son trasladados a uno de los buques. De las informaciones obtenidas de los marinos alemanes se pudo deducir que el sumergible estaba a punto de lanzar un ataque con torpedos al Block Island.El 18 de mayo el Grupo de Tareas llega a Casablanca, donde son reaprovisionados. El 23 de mayo reciben la orden de dirigirse hacia el este de las Azores y tras detectarse la presencia de dos submarinos alemanes al sur de Madeira llegan a la zona sobre el 25, patrullando hasta el 28 de mayo.
En la noche del 29 de mayo de 1944 toman contacto con el submarino U-549 y desde el portaaviones auxiliar se ordena que salgan seis aviones en su búsqueda, tres de ellos no llevan ninguna clase de armamento, mientras que los otros tres van fuertemente armados.
Sobre las 20:13 horas un torpedo golpeó al portaaviones Block Island. Aproximadamente tres segundos más tarde una segunda explosión alcanzaba de nuevo al navío americano. Alrededor de tres minutos después una tercera explosión certificaba la muerte del barco de la Marina de los EE UU.
La posición del hundimiento fue 31º 13N 23º 3 W al Noroeste de La Palma
Seiscientos setenta y cuatro supervivientes fueron subidos a bordo del USS Ahrens y 277 a bordo del USS Paine. Sólo hubo que lamentar seis víctimas mortales. "Uno de los hombres tenía su pierna atrapada por lo que se hizo necesario el empleo del soplete oxiacetilénico. Sin embargo, fue necesario amputar la pierna del hombre herido a la altura de la rodilla. Esto se completó en el último momento, pero el marinero murió y su cuerpo fue colocado sobre una camilla y abandonado a bordo. El jefe Caperter Bailey´s subió hasta donde se encontraba el marinero y trabajó incansablemente cerca de una hora tratando de liberar al hombre. Su desprecio por su seguridad personal y sus esfuerzos incansables fueron una inspiración para todos". Este relato forma parte del informe sobre la pérdida en acción en el Atlántico Sur del USS Block Island (CVE-21).
Mientras, a los seis aviones que se encontraban en el aire en el momento del hundimiento se les dio la opción de volar hasta las Azores y ser internados el resto de la guerra en un país neutral, Portugal, o bien llegar hasta Casablanca.
Dos de los pilotos llegaron a las islas portuguesas y otros dos, James G. McDaniel y John F. Carr, fueron rescatados en aguas del Archipiélago Canario.
El último tuvo que amerizar en la costa de Cueva Bonita, Tijarafe (La Palma). El piloto naval americano contó a los oficiales españoles que creían sobrevolar Madeira.
El 31 de mayo de 1944, el minador Tritón de la Armada española buscó sin éxito a los náufragos de un avión de la US Navy caído en 28º 45´ de latitud Norte y 18º 5´ de longitud Oeste, cerca de La Palma.

Tan solo una lancha, que salió de Tazacorte expresamente con tal fin, logró encontrar ese mismo día a un náufrago cerca de Tijarafe, pero sin hallar ni rastro de los otros cinco tripulantes de los aviones.
El náufrago dijo ser el oficial aviador John F. Carr, afirmó que habían naufragado a las 23:50 horas del 29 de mayo por falta de gasolina, desconociendo donde habían caído, pues pensaron que La Palma era Madeira.
Este fue escondido por el jefe del batallón español que guarnecía el barrio de Argual, en Los Llanos de Aridane, Conrado Guimerá, quien además le prestó parte de su ropa ya que eran de estatura y corpulencia similar, hasta que John F. Carr pudo ser sacado a través del puerto de la capital palmera destino a Gibraltar.
El U-549 fue hundido por el USS Eugene E. Elmore y el USS Ahrens. Justo antes de su hundimiento torpedeó al USS Block Island y al USS Barr, con el resultado de la pérdida del portaaviones.
Este relato forma parte de uno de los tantos que se desarrollaron durante la II Guerra Mundial en aguas cercanas al Archipiélago Canario.

EL NAUFRAGIO DEL VALBANERA

Para ver video "Emigración canaria a Cuba" ENLACE
Postales del Valbanera

NAUFRAGIOS DEL SIGLO XX

En el siglo XX, la tragedia más importante fue la grave pérdida del vapor español Valbanera, naufragado en septiembre de 1919 en las costas de Florida (EE.UU.), cuando se dirigía en viaje de Santiago de Cuba a La Habana con 488 pasajeros y tripulantes a bordo. No hubo supervivientes. El último puerto español en el que había hecho escala fue en Santa Cruz de La Palma, a mediados del mes de agosto anterior.

Al atardecer del 27 de enero de 1932 se produjo el incendio y posterior naufragio, envuelto en llamas, en aguas de Tazacorte, del vapor Santa Úrsula, propiedad de la Compañía Marítima Canaria, vinculada al naviero tinerfeño Álvaro Rodríguez López.
El buque había cargado 1.800 huacales de plátanos y 60 sacos de almendras y se dirigía a Santa Cruz de Tenerife, para realizar el trasbordo.
Poco después de la maniobra de salida, la tripulación se percató de que salía humo por el ventilador de la bodega de proa y arrojaron al agua unos 300 huacales para intentar abrir la tapa de la escotilla, pero resultó imposible ante la virulencia del incendio.
El patrón del Santa Úrsula, Faustino Díaz, ordenó el abandono del buque por temor a una explosión y arriaron el bote salvavidas.
Poco después apareció en el escenario de los hechos el vapor Colón, cuya tripulación intentó darle un remolque, pero tampoco fue posible y al final fueron recogidos por éste y desembarcados en Santa Cruz de La Palma, donde se dio cuenta del incidente a la Ayudantía Militar de Marina.
Al día siguiente se trasladó a Tazacorte el ayudante, señor Garrote, con el personal a sus órdenes para emitir el informe correspondiente.
El buque estaba asegurado, pero no así la carga que transportaba.
En la noche del 6 de febrero de 1951, el motovelero Maruja, propiedad del armador saucero Manuel Rodríguez Conde, navegaba de El Hierro a Las Palmas con un cargamento de leña para los servicios de Intendencia del Ejército.
La tripulación detectó una vía de agua y en el intento por salvarlo, trató de vararlo en la playa de Las Galletas, con tal mala suerte que tocó en una baja y dañó el pantoque.
Allí mismo se desguazó, unos meses después.
Este motovelero, de construcción francesa, había sido un vivero dedicado a la pesca de la langosta en la vecina costa africana. Era de doble casco y durante la etapa en que fue propiedad de Rodríguez Conde, realizó numerosos viajes con carbón, leña, trigo y maíz.
También hizo de aljibe, llevando agua en tanques cerrados a la costa de La Güera.
Sebastián Medina, uno de sus tripulantes, relató a este cronista que en los años inmediatos a la Segunda Guerra Mundial, la escasez de combustible obligaba a realizar los viajes a vela y en uno de ellos, entre Santa Cruz de La Palma y Arrecife de Lanzarote, con carga de carbón, tardó 14 días, cuando las provisiones que habían embarcado sólo eran para tres.
Ya los daban por perdidos, cuando la Maruja apareció finalmente en su destino.

La balandra Breñusca, propiedad del armador palmero Armando Yanes Carrillo, naufragó en las proximidades de la costa de Las Galletas, en el Sur de Tenerife, el 14 de enero de 1953.
El suceso, en adversas condiciones meteorológicas, se produjo de madrugada y en el mismo perdieron la vida seis hombres: Manuel Febles Arteaga, Cándido Delgado Oramas, Fernando Arteaga Reyes, Manuel Febles, Tomás Febles Arteaga y José Simancas Chinea. Tres de ellos intentaron ganar a nado la playa de El Banco, siendo su presencia fue advertida por un vecino de la costa, Francisco González Hernández, que se lanzó al agua para auxiliarles pero una ola gigantesca se lo impidió, desapareciendo los demás en pocos minutos y siendo arrojado éste a la playa.


El motovelero Guadarrama atendía un servicio regular entre Canarias, la vecina costa del Sahara y la Península. También hizo algunos viajes al Peñón de Gibraltar y a los puertos del Norte de África. El 20 de agosto de 1955 la prensa local informó de la pérdida del buque, propiedad del armador palmero Filiberto Lorenzo de Honor y varios socios más.
El propio Filiberto viajaba a bordo del Guadarrama en el que sería su último viaje. "A los tres días de viaje desde Las Palmas, rumbo a Tánger -relató a este cronista-, el patrón llamó a mi camarote, a las siete de la mañana, para decirme que el barco tenía una vía de agua y que las bombas de achique no daban avío. Dos horas más tarde se ordenó el abandono y arriamos un bote, al que pasó toda la tripulación. No tuvimos tiempo de coger víveres y el patrón me decía que no nos pusiéramos nerviosos, que avistaríamos tierra, bien fuera en la costa de África o en Canarias".
Los tripulantes del Guadarrama estuvieron cinco días sin probar bocado ni beber agua y finalmente pudieron alcanzar Playa Blanca, en Lanzarote.
El patrón, Esteban Medina Jiménez, dijo que él sabía que allí había una venta y a pesar de que eran las cuatro de la mañana, llamaron a la puerta. Una mujer les abrió y cuando éstos contaron su odisea, la señora no les dio crédito pues pensaba que estaban todos muertos.El dueño de la tienda, pese a los intentos de los náufragos de que esa misma noche les llevara a Arrecife, no atendió sus peticiones y al día siguiente subieron a un camión "mixto" y después de numerosas paradas, llegaron a mediodía a la capital lanzaroteña y pusieron el hecho en conocimiento del ayudante de Marina.

En enero de 1963, a dos millas del puerto de Santa Cruz de La Palma se produjo una explosión a bordo del motovelero Nueva Guinea, propiedad de Luis Martín, siniestro en el que desapareció un tripulante y otro resultó con graves quemaduras.
La embarcación se hundió en pocos minutos y la deflagración fue oída en toda la capital. Varias embarcaciones se aprestaron en ayuda de los supervivientes.

En la madrugada del 14 de septiembre de 1964 se hundió frente a Punta Ganado, en Breña Baja, el motopesquero Virgen de Aranzazu.
Una vía de agua, pese a los intentos de la tripulación, motivó el naufragio de esta embarcación, valorada en dos millones de pesetas.
La tripulación no sufrió daño y su arrendatario, entonces, era Sebastián Díaz Martín.

En la madrugada del 6 de mayo de 1969 se produjo la pérdida del pequeño carguero de cabotaje Airoso, propiedad del armador palmero Filiberto Lorenzo de Honor, que se hundió a unas 20 millas de Puerto del Rosario.
La primera llamada de socorro la recibió la costera de Las Palmas a las 23 horas del día anterior, en la que el patrón del Airoso daba su posición y decía que navegaba a toda máquina hacia la costa con una grave vía de agua, para tratar de embarrancarlo.
Puestas en contacto las costeras de Las Palmas y Tenerife, lanzaron las llamadas de socorro a los buques que más cerca estuvieran del lugar citado por el Airoso.
Decía el patrón del barco siniestrado que preparaba el bote salvavidas cuando estimaba encontrarse a unas quince millas del litoral de Fuerteventura.
El capitán de la motonave Ciudad de Huesca contestó a las llamadas de las costeras y dijo que se dirigía al encuentro del Airoso, esperando llegar a su posición en seis horas.
Al amanecer del día seis, el trasatlántico británico Chusan y el carguero español Sierra Lucena también captaron la llamada y comunicaron que acudían en socorro del Airoso.
A las ocho de la mañana, un avión de reconocimiento de la Base Aérea de Gando partió hacia la zona del siniestro.
Una hora después, el patrón del motovelero Diana, de la flota del armador lanzaroteño Antonio Armas Curbelo, informó de que el Airoso se había hundido en el estrecho de La Bocaina, que separa las islas de Lanzarote y Fuerteventura y que sus siete tripulantes se dirigían a Puerto del Rosario después de haber sido recogidos por una lancha rápida que salió desde El Cotillo.

En la madrugada del 27 de septiembre de 1973, el carguero Condesito, propiedad de Filiberto Lorenzo de Honor, embarrancó entre el faro de Punta Rasca y Los Cristianos, en el Sur de Tenerife.
El buque iba cargado de cemento y quedó materialmente empotrado en las rocas. La bodega se rasgó y el cemento formó un colosal bloque que motivó el abandono del buque, siendo allí mismo desguazado.


El grave accidente de otro de los barcos de Filiberto Lorenzo de Honor, llamado Astilleros Gondán II, marcó el final de su actividad naviera. El 8 de abril de 1975 se hundió cuando navegaba de Arrecife de Lanzarote a Puerto del Rosario, en las proximidades de la Isla de Lobos, en medio de un fuerte temporal, siniestro en el que perecieron nueve de sus 12 tripulantes.
Fuente:http://historicalsociety.blogspot.com/2007/02/crnica-de-naufragios.html

"LA QUISISANA"




Motovelero «Quisisana» que naufrago frente a Barlovento (la Fajana y faro de Punta Cumplida), el sábado 13 de enero de 1951.
En la tragedia murieron diez personas, la mayoría del barrio de San Telmo (S/C de La Palma).

Una plaza de San Telmo se dedicará a los náufragos de la falúa «Quisisana»
El Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma honrará a los diez palmeros fallecidos en el naufragio de la «Quisisana» al denominar con el nombre de esta falúa a la nueva plaza que se inaugurará en el barrio de San Telmo, de donde procedían la mayoría de las personas que perdieron su vida hace cincuenta años en este desastre.
La iniciativa se adoptó a raíz de un artículo publicado en EL DÍA cuyo autor es José López Mederos, presidente de la Sociedad La Cosmológica.
El acto oficial con la colocación de la placa en esta nueva plaza de la ciudad tendrá lugar el próximo mes aproximadamente, según confirmó el alcalde capitalino, Carlos Cabrera. Dicho acuerdo fue aprobado por unanimidad de todos los grupos políticos de la Corporación local.
El propio López Mederos recuerda en su artículo que el 13 de enero de este año se cumplieron cincuenta años de una de las mayores desgracias marineras de La Palma: el triste naufragio del motovelero «Quisisana», frente a las costas de Barlovento, ocurrida el sábado 13 de enero de 1951; diez personas que iban a bordo, ninguna sobrevivió. Y la mar sólo devolvió cinco cadáveres. Las otras cinco, jamás se encontraron.
López Mederos refiere que la «Quisisana» fue dedicada a realizar viajes de cabotaje entre el puerto de Santa Cruz de La Palma y el resto de la Isla, especialmente con los pueblos del Norte (Barlovento y Garafía), a los que aún no llegaba la carretera, de manera que el suministro de mercancías, víveres y pasaje se realizaba fundamentalmente por mar, con falúas y barcos como la «Quisisana».
Al concluir el artículo, López Mederos hace un requerimiento al Ayuntamiento, cual es «que se conmemore esta efeméride de nuestra historia local, que habla del esfuerzo y del trabajo durísimo de unos conciudadanos que en épocas muy difíciles entendían muy bien qué era la solidaridad, el trabajo honrado y la familia como primera preocupación, valores que hoy en día parecen, sino olvidados, sí relegados a un segundo plano. Y también como homenaje a los hombres de la mar de nuestro pueblo, en esta tan llevada y cada vez menos traída tradición marinera de Santa Cruz de La Palma».
Este acto de homenaje está siendo muy bien recibido por los huérfanos de los fallecidos en este naufragio, quienes están siendo estos días especialmente recordados dentro y fuera de la Isla de La Palma.
Fuente:El Dia.es

EL NAUFRAGIO DEL FRUTERO SANTA URSULA


jueves 26 de noviembre de 2009

Fuente:Blog Vida maritima
Colaboración del
Sr. Juan Carlos Díaz Lorenzo.
Copyright del
Sr. Juan Carlos Diaz Lorenzo.


El frutero SANTA ÚRSULA, uno de los mejores barcos de la Compañía Canaria de Cabotaje -vinculada al naviero tinerfeño Álvaro Rodríguez López-, se hundió el 31 de enero de 1932 en aguas de Tazacorte, después de que hubiera sido prácticamente destruido por un voraz incendio declarado al atardecer del día 27, cuando buscaba el abrigo de la costa de Fuencaliente.

El barco había cargado, como era costumbre, una espectacular cubertada de fruta hasta las marcas en los puertos de Tazacorte y Santa Cruz de La Palma, ya que según el manifiesto, en bodega y sobre cubierta llevaba 1.703 huacales de plátanos y 60 sacos de almendras y se dirigía al puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde procedería al trasbordo de la mercancía al buque Ciudad de Sevilla, para su posterior transporte a Barcelona.Dos horas después de la salida del puerto de la capital palmera, la tripulación de la motonave "SANTA ÚRSULA" se percató de que salía humo por el ventilador de la bodega de proa. Para intentar abrir la tapa de la escotilla arrojaron al agua unos 300 huacales de fruta, pero el empeño resultó imposible ante la intensidad que había tomado el incendio. "El fuego -dice La Prensa- adquirió desde el principio gran incremento, resultando inútiles cuantos esfuerzos realizaron los tripulantes para sofocarlo".

Entonces, el patrón del SANTA ÚRSULA, Faustino Díaz, ordenó poner rumbo a la costa y cuando estaba al resguardo de Fuencaliente, ordenó el abandono del buque por temor a una explosión, arriando al agua los botes salvavidas.

Poco después apareció en el lugar de los hechos el vapor "COLÓN" uno de los barcos de cabotaje de Fyffes, que también navegaba en viaje de La Palma a Tenerife y cuya tripulación había advertido la densa humareda del buque siniestrado. Primero intentó darle un remolque, pero desistió ante la magnitud del incendio y optó por recoger a los tripulantes del SANTA ÚRSULA, regresando de nuevo a Santa Cruz de La Palma, donde los desembarcó y se informó del suceso a la Ayudantía Militar de Marina.Al día siguiente, cuando el vapor COLÓN arribó al puerto de Santa Cruz de Tenerife, el patrón dio cuenta del hecho a la autoridad de Marina, manifestando a la prensa local que "el incendio revestía gran importancia, abarcando a casi todo el buque".

Ese mismo día, Álvaro Rodríguez López ordenó la salida del vapor SAN CRISTÓBAL, con el encargo de que remolcara al buque siniestrado hasta el puerto tinerfeño.Sin embargo, para entonces se había adelantado el pailebote SAN MIGUEL, que consiguió darle remolque hasta Tazacorte, donde dio fondo, cerca de la desembocadura del barranco de Tenisca, con las huellas visibles de la destrucción del fuego "de extraordinarias proporciones".

El agua comenzó a inundar la sala de máquinas, "creyéndose que no tardará muchas horas en hundirse", lo que en efecto se produjo el 31 de enero. Mientras tanto, su compañero de contraseña SAN CRISTÓBAL recogió a la tripulación del Santa Úrsula en el puerto palmero y regresó con ella a la capital de la provincia.La crónica de Diario de Avisos dice que el ayudante de Marina de La Palma, señor Garrote, se trasladó al puerto de Tazacorte, con el personal a sus órdenes para determinar las causas y emitir el informe correspondiente. El buque estaba asegurado y circularon versiones contradictorias sobre si también lo estaba el cargamento de fruta que transportaba.Pasaron los años.

En marzo de 1943, Rodríguez López solicitó autorización para poner a flote algunas piezas o pertrechos aprovechables del barco siniestrado y en septiembre de 1945 declaró que no le interesaba la extracción de los restos del buque.

Durante años, el pecio del SANTA ÚRSULA atrajo el interés de los submarinistas palmeros y sus restos desaparecieron sepultados por las obras de ampliación del puerto de Tazacorte.Gemelo del SANCHO II, el buque SANTA ÚRSULA había sido construido en los astilleros Vaxholmavarvet, en Estocolmo (Suecia) y el 29 de marzo de 1921 se entregó a Álvaro Rodríguez López.

Disponía de cámara para 14 pasajeros y estaba autorizado para llevar otros treinta en cubierta.

Obtuvo el abanderamiento provisional en el registro naval español el 19 de diciembre de 1922, que se hizo definitivo el 28 de febrero de 1925, después de haber cumplido con todos los trámites legales. Por escritura otorgada el 31 de diciembre de 1929 ante el notario de la capital tinerfeña, Pío Casais Canosa, este buque fue aportado a la Compañía Canaria de Cabotaje.

De 361 toneladas brutas, 173 netas y 570 de peso muerto, eran sus principales dimensiones 41,75 metros de eslora total, 7,25 de manga, 3,53 de puntal y 2,30 de calado máximo.

Estaba propulsado por un motor diesel Bolinder, de 300 caballos, que le daba 9 nudos de velocidad.

EL NAUFRAGIO DEL JACOB VEROLME

El barco era propiedad de la holandesa Cisterna Ore-Maatschappij NV, Rotterdam, y fue gestionado por la Real Holanda Lloyd NV, de Amsterdam, tenía un tonelaje bruto de 18.734 toneladas, 193,25 metros de eslora y estaba en ruta desde Brasil a IJmuiden (Holanda) con una carga de mineral de hierro de aproximadamente 25.200 ton.
De propulsión constaba de una planta de turbina de vapor con una capacidad de 14.750 cv.
Fue el 21 de enero de 1967 alrededor de las 09.20 hora local cuando se produjo una gran explosión en un primer plano a la altura de los tanques 1 y 2 en el lado de babor.
El buque se encontraba en una posición 27º.06 minutos de latitud norte y 20º.08 minuto de longitud W a unas 120 millas al oeste de Palma en las Islas Canarias.
Un ruido sordo acompañado de un gran destello de luz y nubes de humo negro, la cubierta quedo como una lata de sardinas arrancada.
Por un enorme agujero en forma de V de unos 4 metros entraba el agua del mar.
Se pararon las maquinas y se activo la señal de alarma.
El capitán en el puente ya había comprobado que el buque no se podía salvar y dio órdenes para enviar la señal de socorro SOS y " "Abandonen el barco”.
Los cuatro botes salvavidas se pusieron en marcha.
En un bote sólo dos tripulantes 10 maletas y objetos personales. El resto de la tripulación se dividido entre los otros tres barcos.
El barco se hunde cada vez más. Entonces, finalmente alrededor de las 11.30 horas, el barco escora 30 grados a babor, la fuerza del viento 4-5 con altura de las olas de hasta 3-4 metros, una hora y media más tarde, a eso de las 11.00 horas, con el rugido atronador de un trueno la nave vuelca con la quilla para arriba como una ballena gigante flotando.
A las 14.15 horas un avión de la Armada de EE.UU., con base en las Azores, los sobrevoló y dejó caer un walkie-talkie sobre los náufragos.
A las 14.30 el trasatlántico polaco Batory apareció en el horizonte.
El 23 de enero de 1967 a 03.30 horas los sobrevivientes fueron desembarcados en la isla de la Palma.
Las autoridades portuarias y el personal de la casa consignataria Juan Cabrera Martín acudieron a bordo, así como los doctores Amilcar Morera Bravo y Toledo Trujillo y miembros de la Cruz Roja, ya que uno de los tripulantes tuvo que ser ingresado en el Hospital de Dolores, y el desembarco se produjo en la lancha del practico del puerto José Amaro Carrillo.
Los tripulantes del Jacob Verolme se alojaron en el Hotel Mayantigo y las residencias Dux y Bahia ,sufragaron todos sus gastos de estancia con un donativo que recibieron de los pasajeros del Transatlántico Batory.
El marinero herido, Johan Hollema, de 27 años fue ingresado en el Hospital de Dolores e intervenido por los doctores Amilcar Morera Bravo y Francisco Vega Monroy, así como el practicante Manuel Galván Martín.
Presentaba quemaduras de segundo grado en tórax y cara ,así como heridas traumaticas en el oído derecho. (Imagen Dr. Amilcar Morera Bravo)
Según declararon los tripulantes del Jacob Verolme, la explosión se produjo cuando uno de sus compañeros -que desapareció en el siniestro- soldaba una válvula en cubierta, lo que produjo una voladura en la parte de proa.
El remolcador de salvamento seafalke, con base en Las Palmas, acudio al lugar del siniestro con la intención de remolcar el barco al puerto canario, pero tuvo que picar el remolque horas después al comprobar que amenazaba con hundirse.

Para ver video de la botadura del Jacob Verolme ENLACE
Para ver la noticia en el periodico ABC ENLACE
Para ver la noticia el el periodico La Vanguardia ENLACE

NAUFRAGIOS DEL SIGLO XIX

En la noche del 31 de enero de 1832, la fragata inglesa Eclipse, al mando del capitán Davis, en viaje de Londres al Cabo de Buena Esperanza con un cargamento de objetos y efectos de valor, encalló en la costa de Garafía, en el lugar conocido como Fajana Grande, a causa de la espesa niebla que le impidió ver tierra.
A pesar de los arrecifes y escarpes que existen en aquella costa, sólo pereció una persona, por haberse arrojado al agua precipitadamente.
El 11 de noviembre de 1863 arribó al puerto palmero el transporte de guerra español General Álava, con fuego en una de las carboneras. Como el incendio no remitía, el comandante Pita da Veiga, después de escuchar a la junta de oficiales y maquinistas, en la madrugada del día siguiente decidió el desembarco de las tropas que iban a bordo y la varada del buque en la playa de Bajamar, para intentar su rescate.
Pero se levantó mal tiempo y la popa quedó anegada por el agua.
El día 13, el aspecto que ofrecía el barco era desolador: la fuerza de la marejada había partido el buque en dos y su aparejo, velamen y chimenea, eran un amasijo de hierros, cabos y palos.
El 8 de marzo de 1895, la balandra María Luisa, al mando del capitán Luciano Rodríguez Silva, vecino de la capital palmera, y con un cargamento de sal, salió de Cádiz en dirección a Santa Cruz de La Palma.
A los pocos días de viaje se vieron sorprendidos por un fuerte temporal, viéndose obligados a abandonar el barco y desembarcaron en las costas de Larache, sin que se lamentara pérdida de vida alguna.
En noviembre de 1898 la goleta inglesa de tres palos Barbadian naufragó en las proximidades de la playa de Los Lázaros, en la costa de Fuencaliente.
A bordo llevaba un cargamento de sal, que había cargado en Trápani (Italia) y se dirigía a Gloucester, en EE.UU.
El 29 de noviembre de 1898, el histórico velero La Verdad, cargado de cajas y garrafones de aguardiente y bajo el mando del capitán Miguel Sosvilla, zarpó de La Habana con destino a Santa Cruz de La Palma.
El día 12 de enero de 1899 siguiente, a plena luz del día y cuando navegaba en la derrota de las Bermudas, el buque tocó fondo y quedó varado sobre un bajo.
La tripulación pudo alcanzar tierra sin novedad, pero el barco se perdió por completo.

NAUFRAGIOS DEL SIGLO XVIII

El 24 de agosto de 1714 salió de La Habana despachado para Santa Cruz de La Palma el velero de esta matrícula llamado Ratonero, al mando del capitán Salvador Ferrera y del que nunca más se supo.
En el año de gracia de 1726 zarpó de La Palma para Cuba un buque, cuyo nombre se ignora, al mando del capitán Romero y con tres tripulantes de esta ciudad, del que tampoco se conoció su final.
En 1729, cuando emprendía viaje a La Habana el buque Pintado, perteneciente a la matrícula naval de Santa Cruz de La Palma, naufragó en la costa de la isla, suceso en el que perdieron la vida casi todos sus tripulantes.
Y en 1733 zarpó de esta isla para Campeche un buque de la matrícula palmera al mando del capitán Pedro Toledo. Después de dos años sin noticias de su arribo a puerto alguno, se le consideró desaparecido.

"EL FAUSTO"

Video emitido en el programa Cuarto Milenio
1ª parte http://www.cuatro.com/cuarto-milenio/videos/enigma-fausto/20090216ctoultpro_8/ 2ª parte http://www.youtube.com/watch?v=zDkDMzqLb2I
3ª parte http://www.youtube.com/watch?v=Xy2n95wsV2M
4ª prte http://www.youtube.com/watch?v=qcB8qs1juzg

" EL FAUSTO"

domingo 17 de agosto de 2008

Tragedia en el Atlántico infinito
JUAN CARLOS DÍAZ LORENZO TAZACORTE
Envuelto en el misterio, el motopesquero "Fausto" se perdió hace 40 años cuando regresaba de El Hierro a La PalmaPor estos días, hace cuarenta años, La Palma vivía sobrecogida la mister
iosa desaparición del motopesquero Fausto, perdido en el Atlántico cuando viajaba de Frontera a Tazacorte, su puerto base, con tres tripulantes y un pasajero a bordo.
En la tranquilidad de una isla poco acostumbrada a los sobresaltos, aquellos fueron unos días muy duros, pues del desconcierto inicial y la alegría de su primer encuentro en alta mar, se pasó, en poco tiempo, a la más profunda tristeza.La tragedia del Fausto llenó de dolor y de angustia no sólo a los hogares de los familiares y amigos de los infortunados, sino también a la Isla toda, ante el curso de unos acontecimientos que, a medida que fue transcurriendo el tiempo, provocó una sensación de gran desconcierto entre quienes participaron en su búsqueda y la sucesión de noticias, confusas y contradictorias en algunos momentos, que jalonaron el caso.
El 20 de julio de 1968, sobre las cinco de la tarde, el motopesquero Fausto arribó al embarcadero de Las Puntas, en la costa de Frontera, para descargar unos plantones de plataneras destinados a su siembra en unas fincas que estaban roturando unos palmeros en el valle de El Golfo. En la madrugada del día 21, serían las dos y media de la madrugada, la pequeña embarcación se hizo de nuevo a la mar rumbo a su base en el puerto de Tazacorte, a donde debería haber llegado, en circunstancias normales, siete horas después.
A bordo viajaban cuatro personas: El patrón, Ramón Concepción Hernández, de 48 años de edad; un hermano suyo, Eliberto, de 41 años; Miguel Acosta Hernández, de 44, primo hermano de éstos y todos ellos vecinos de Tazacorte, así como un mecánico, Julio García Pino, de 27 años, natural y vecino de El Paso, que se había unido a ellos como pasajero.
El retraso en la llegada estimada del barco alertó a sus familiares y amigos, así como a su propietario, Rafael Acosta Arroyo, que puso el hecho en conocimiento de la Ayudantía Militar de Marina de Santa Cruz de La Palma. A través de la Estación Radiocostera de Canarias, se dio el primer aviso de alerta a todos los barcos que pudieran encontrarse en la zona, para que colaborasen en la búsqueda del motopesquero.Aunque al principio no cundió la alarma, el SAR comenzó sus labores de búsqueda y rastreo en la zona donde se le suponía perdido, por lo que ordenó el despegue de un avión Heinkel He-111 "Pedro" del Ala 46 para que hiciera un vuelo de reconocimiento.
Se pensó en una posible avería del motor, lo que haría que se encontrara a la deriva, por lo que el viento del Nordeste reinante lo habría apartado de su ruta, llevándolo a mar abierta.En la tarde del día 23, otro avión de reconocimiento sobrevoló El Hierro en dirección a La Palma siguiendo la previsible ruta del Fausto, describiendo después una ruta en círculos en el área en que podía encontrarse la embarcación, sin que consiguiera localizarlo ni comunicarse por radio con sus tripulantes, pues se sospechaba que no llevaba a bordo aparato de telefonía. Al día siguiente se incorporaron otras cuatro aeronaves, ampliando el radio de acción a unas doscientas millas al SW de El Hierro.
En la madrugada del día 25 se recibió la noticia de que el Fausto había sido localizado esa medianoche por el mercante británico Duquesa, a unas 95 millas de La Palma, cuando se encontraba en la posición 28º 15’ N y 19º 45’ W. El capitán dijo que los tripulantes se encontraban sin novedad y después de suministrarles víveres, agua y gasoil para varios días, les indicó el rumbo a seguir y, al mismo tiempo, comunicó a la estación radiocostera que el Fausto llegaría en la tarde de ese día a su destino.
La noticia del encuentro se difundió rápidamente por la isla. A primera hora de la tarde, cuando salieron a recibirle los motopesqueros Discordia y Jacinta, existía en el puerto de Tazacorte un ambiente de gran expectación, concentrándose en las inmediaciones del viejo muelle una gran cantidad de personas, deseosas de presenciar la llegada de los cuatro hombres, a los que ya muchos daban por desaparecidos.
Asimismo, desde las cercanías de El Hierro, donde se encontraba navegando, se unió el hidrográfico Cástor, que puso rumbo al Oeste palmero.
En el trozo de muelle de Tazacorte se encontraba también el armador del barco, Rafael Acosta Arroyo, nervioso aunque optimista, hablando con los periodistas y los conocidos que se habían acercado hasta el lugar y pendiente de las llamadas que recibía a través de un radioteléfono de banda ciudadana de las embarcaciones que habían salido al encuentro del Fausto. Confiaba en la experiencia de sus hombres y decía que nunca había perdido las esperanzas de que el barco apareciese y que en su opinión, todo podría haberse debido a una falta de combustible. Para despejar las dudas que se habían generado en los últimos días, dijo que el barco estaba equipado con un emisor-receptor a transistores que permitía su comunicación.El ambiente en el puerto de Tazacorte era de auténtica fiesta, entre voladores, risas, vasos de vino y expectación, mucha expectación.
Los familiares, cuatro esposas y veinte hijos, reflejaban en sus rostros las horas de cansancio y angustia que todavía vivían y entre la esperanza y la duda, había quienes prometían vestir hábito durante años si volvían a abrazar a sus seres queridos.Sin embargo, pasaron las horas y el Fausto no aparecía. Los motopesqueros que habían salido a su encuentro regresaron de nuevo a Tazacorte y el último de ellos llegó a las siete de la tarde. Se esperaba que el barco recalase en la próxima madrugada o al amanecer del día siguiente, por lo que muchos se mantuvieron en vigilia a la espera del gran acontecimiento.Al no aparecer en las horas previstas, el entusiasmo se ensombreció de nuevo y en la mañana del día 26, el Mando Aéreo de Canarias ordenó que continuara la búsqueda, despegando aviones de reconocimiento Heinkel He-111 y Grumman Albatross del SAR desde la Base Aérea de Gando, que volaron durante 17 horas. La Marina de Guerra, asimismo, ordenó la salida del cañonero Magallanes, el hidrográfico Cástor y los remolcadores de altura RA-2, RA-4 y RA-5, todos los cuales recorrieron minuciosamente la supuesta derrota seguida por el pesquero español tras su encuentro con el mercante británico Duquesa.A medida que pasaron las horas y los días, comenzó a tomar forma el presentimiento de una tragedia. Todo el mundo se hacía preguntas y nadie era capaz de dar una respuesta.
Entre los familiares y los amigos de los cuatro infortunados tripulantes del Fausto cundió un profundo sentimiento de pena y desesperación. El pueblo palmero, muy pendiente de las escasas noticias que se producían, contenía su sentimiento de angustia y tristeza ante lo que se temía irremediable.El dispositivo montado por el Ejército del Aire y la Armada alcanzó unos niveles realmente excepcionales. Los efectivos asignados rastreaban una zona de 12.000 millas cuadradas cerca de El Hierro y La Palma, con sus radares en continuo rastreo. Los aviones volaban a una altura de 400 metros y se relevaban cada 12 horas, por lo que era imposible que el Fausto escapase a su localización, ayudado por una buena visibilidad. El área de rastreo se amplió en una zona de 6.400 millas a partir de unas 200 millas al SW de La Restinga. Ante este despliegue de medios, y aun considerando que el Fausto hubiera seguido un rumbo distinto al marcado por el capitán del Duquesa, el pequeño motopesquero no tenía tiempo para escapar a la zona sometida a exploración.Transcurridos 17 días desde que saltó la alarma de la desaparición del moto-pesquero Fausto y del intenso trabajo por unidades de la Marina de Guerra y del Ejército del Aire, se dio oficialmente por finalizada la búsqueda del infortunado barco y de sus tripulantes. Los aviones del SAR suspendieron sus vuelos y las unidades de la Armada regresaron a Las Palmas, aunque se mantenía el estado de alerta. El teniente de navío Manuel Carrillo Robles, ayudante militar de la Marina en La Palma, fue designado juez especial para la instrucción del sumario.Igualmente meritoria resultó la labor desempeñada durante todo este tiempo por los radioaficionados canarios.
La estación EA8-BK, de Rodrigo Rodríguez, vecino de Tazacorte, logró localizar al capitán del Duquesa, que se encontraba en Rotterdam y confirmó su encuentro con los tripulantes del Fausto, así como su posición, el suministro de agua y víveres realizado, así como gasoil para 18 horas de navegación.A principios de agosto se inició un período en el que surgieron noticias confusas, comunicados y posteriores desmentidos, procedentes de emisoras de radioaficionados, estaciones de radio y prensa diaria del extranjero, siempre relacionadas con la aparición del Fausto.
La estación venezolana YV5-CTZ, de Juan Roberto Martín, un palmero afincado en Caracas, comunicó a EA8-BK que había recibido una llamada de un radioyente que había escuchado en la emisora Radio Rumbo una noticia relacionada con el supuesto hallazgo, comprobándose después que se refería al encuentro habido con el mercante británico Duquesa.
DIARIO DE AVISOS se ocupó también de los insistentes rumores que circularon en aquellos angustiosos días de quienes situaban la aventura del Fausto en una escapada hacia Venezuela, emulando la aventura de la etapa de los veleros de la emigración clandestina.
El 2 de agosto, un informe de un radioaficionado, en manos de la Ayudantía de Marina de La Palma, decía que el Fausto había llegado a Puerto La Cruz "con cuatro tripulantes en buen estado de salud, con provisiones sobrantes y de que habían sido atendidos por las autoridades". Luego se comprobó que no había sido así.Dos días después, el periódico El Día publica el texto de un telegrama dirigido a Adelto Acosta Herrera, en Santa Cruz de Tenerife, que dice textualmente: "Venezuela recibió mensaje del barco Fausto. Salieron a rescatarlos. Juan". El firmante es Juan García Pino, hermano del pasajero que embarcó en El Hierro. Al leer la noticia, un radioaficionado palmero logró localizar en Valencia, a través de otro colega venezolano, al citado Juan García Pino, quien aclaró que su telegrama se refería a que en Venezuela se sabía la noticia de la desaparición y que lógicamente se saldría en su busca.Otro radioaficionado venezolano estableció comunicación con un colega de Tenerife para informar que el periódico El Nacional publicaba la noticia de que una embarcación de las características del Fausto había sido avistada por aviones del Air Force Rescue en la posición 28º 15’ N y 29º 45’ W, lo que provocó que todos los radioaficionados disponibles se lanzaran a la búsqueda de un contacto con el citado organismo norteamericano de salvamento o de averiguar cuáles eran las fuentes de información que habían suministrado la noticia al periódico caraqueño.
Tres estaciones de radioaficionados de la provincia tinerfeña, EA8-BQ, EA8-FD y EA8-DX, así como otras nacionales y extranjeras, trataron por todos los medios disponibles a su alcance y durante muchas horas, de contrastar la veracidad de la noticia, hasta que se logró contactar, en la madrugada siguiente, con las autoridades marítimas de La Guaira y Puerto La Cruz, las cuales desmintieron el supuesto hallazgo del pequeño barco palmero. Al mismo tiempo, el mando del SAR estableció contacto con el mando de la base conjunta aeronaval de Rota y con el mando de la base americana de las Azores, quienes también desmintieron la noticia.
El 11 de octubre, la prensa tinerfeña sorprendió a sus lectores con una nueva noticia referida al hallazgo del Fausto. Al amanecer del día 9, el carguero italiano Anna di Maio lo había encontrado a la deriva y con un cadáver a bordo, en avanzado estado de descomposición. Su posición en aquel momento era 23º 03' N y 38º 30' W, distante unas 1.200 millas de La Palma.El capitán del Anna di Maio, Bruno di Magio, decidió remolcar el barco hasta Puerto Cabello, su primera escala en el viaje que hacía desde el Mediterráneo hacia el Pacífico. Pero el 14 de octubre se recibió un nuevo telegrama enviado por el capitán del Anna di Maio, a través de Radio Roma, en el que decía que, encontrándose en la posición 19º 15’ N y 46º 26’ W, había "perdido batel de pesca Fausto por haberse ido a pique durante remolque stop entregaremos papeles descubiertos a bordo a cónsul español de Venezuela. capitán".A su llegada a Puerto Cabello, el capitán declaró a la Agencia Efe que el Fausto "parecía un barco fantasma, estaba totalmente abandonado". En el cuarto del motor estaba el cadáver de un hombre joven en avanzado estado de composición. El capitán precisó que a bordo no fue hallado libro de bitácora, diario o documento que permitiese conocer la suerte de los demás tripulantes.El segundo oficial del mercante italiano, Luciano Aseione, que fue quien descubrió el cadáver, dijo que a pesar de estar éste complemente desnudo y carecía de documentos personales que lo identificase, por unas cartas halladas a bordo se suponía que era Julio García Pino, tres de cuyos hermanos entonces residentes en Venezuela –Antonio, Juan y Pedro- acudieron a Puerto Cabello con la esperanza de sepultar sus restos. El capitán del buque entregó al delegado del consulado de España en dicha ciudad un sobre lacrado que contenía las cartas que había dejado el infortunado mecánico.
La historia del Fausto sigue envuelta en la leyenda y en el misterio. Y en La Palma, sobre todo en Tazacorte, pervive el trágico episodio de un barco a la deriva en el Atlántico infinito, convertido en una historia triste y con unos humildes protagonistas cuya memoria evocamos con todo respeto.

Fuente:http://historicalsociety.blogspot.com/search/label/Fausto

" EL FAUSTO"


NAUFRAGIO DURANTE EL SIGLO XVII

El 10 de febrero del año 1660 se encontraba en el puerto de Santa Cruz de La Palma, cargando pipas de vino, un buque inglés llamado Ángel de Londres, al mando del capitán Jarvis Michel. El barco era propiedad de Michael Spicer y Robert Swecetinge, dos mercaderes ingleses residentes en la Isla. A tenor de la descripción, parece claro que se levantó un tiempo "caldereto" "tan poco frecuente en esta rada", que hizo que éste y otros buques que estaban fondeados fueran a estrellarse contra las piedras.
Sus dueños, que no pudieron encontrar aquí barco alguno "que se le fletase, ni vendiese" para realizar el viaje con el citado cargamento, se desplazaron a Tenerife y allí compraron otro buque de su misma bandera y 200 toneladas de porte, en el precio de 5.200 pesos "y con más de 100 pesos de regalo al capitán para que comprase una capa".
En la madrugada del 2 de enero de 1649 se levantó un viento solano acompañado de mar gruesa, de tal manera, que hizo encallar en la playa de Bajamar, a cinco barcos grandes, cinco barcas de pesca y una urca holandesa que estaba cargada de cajas de azúcar, cueros, palo campeche y otras mercaderías, todo por cuenta del capitán Luis de Tucar, aunque parte del cargamento se pudo recuperar.
El 24 de diciembre del 1649 año encalló en la desembocadura del barranco de Santa Catalina, un navío perteneciente al maestre de campo Juan de Sotomayor, cargado de vino y otras mercancías preparado para hacer viaje a las Indias. Sólo se recuperaron unos fardos de ropa que llevaba.

DESTRABUCADA DEL TRIMARAN GROUPAMA

Puerto de Santa Cruz de La Palma Noviembre de 2005

INCENDIO Y NAUFRAGIO DEL VAPOR GENERAL ALAVA EN LA BAHIA DE S/C DE LA PALMA

Fuente: Juan Carlos Díaz Lorenzo
http://delamarylosbarcos.wordpress.com/


El naufragio del vapor General Álava en aguas de la bahía de Santa Cruz de La Palma siempre estuvo envuelto en un velo de desconocimiento y confusión. Cuando los viejos pescadores hablaban del pecio, decían que eran “los restos del barco que quemaron los soldados que no querían ir a la guerra de Cuba”.
Este buque, de casco de hierro, considerado como el primer “cunarder”, había sido construido en 1855 en los astilleros Thomson, en Clydebank, con el nombre de Lebanon para cubrir la línea del Mediterráneo. Su estampa marinera era la propia de la época, enmarcada en una proa de violín y popa de espejo. Arbolaba tres palos y una sola chimenea entre el mayor y el trinquete.
Desplazaba 1.383 toneladas y eran sus principales dimensiones 83,16 metros de eslora total -77 entre perpendiculares-, 9,90 de manga, 7,70 de puntal y 6,10 de calado. Estaba propulsado por una máquina de vapor “compound”, de 280 caballos de potencia y 10 nudos de velocidad.
En 1859 el vapor Lebanon fue adquirido por la Armada española en un lote que incluía otros cinco buques de transporte -Tenerife, Taurus, Andes, Alps e Hibernia- y recibió el nombre de General Álava, estrenándose en la campaña de África con el transporte de soldados y material a través del Estrecho de Gibraltar.
En 1861 formó parte de la célebre expedición de Prim a Méjico, que recaló en Veracruz el 7 de enero de 1862. Napoleón III pretendía sentar en el trono a su protegido Maximiliano, pero el general Prim no era hombre capaz de colaborar en tal infamia y así le escribió al Gobierno de España: “Serán vanos los esfuerzos de la Francia, bien clara y francamente se lo he manifestado al emperador: la monarquía no se puede aclimatar en Méjico…”.
El 30 de octubre de 1863, un despacho telegráfico enviado desde Santander al ministro de Marina por el comandante de aquella ciudad, dice textualmente:
“El Álava está listo, la tropa se embarcará a las tres según lo acordado con el gobernador militar, y aun cuando no está completo los 688 que se marcaron, el capitán general de Burgos dice que no se aguarden”.
Si no se dispusiera de obra documental, se podría pensar que se trataba del embarque de 688 caballos debidamente marcados. Pues no, eran 688 hombres, mozos de 20 años que iban lejos de sus casas a defender los intereses de la Patria, que finalmente no llegaron a embarcar. El telegrama revela algo más. Las prisas. Las prisas con las que ya habían sido embarcados 805 hombres para un viaje de más de 3.000 millas por el Atlántico.
Otro dato curioso es el interés directo de la reina en la preparación del viaje. El barco se encontraba en La Coruña, adonde había arribado el 9 de octubre de 1863, procedente de Cádiz, reparando averías y al enviarle un telegrama a uno de los jefes encargados de dicha reparación, le significa “el agrado de S. M. por su celo”.
Desde el Ministerio de Marina se previno al capitán general de El Ferrol para que a la llegada del barco se le practicasen las reparaciones que necesitaba y se le preguntaba cuántos soldados podría transportar a La Habana. Desde Madrid se ordenó que se trabajase día y noche y se contestó enseguida diciendo que “se trabaja sin descanso”, lo que justificó el agrado y la felicitación personal de la Reina.
A pesar de las prisas, las calderas tenían serios problemas. El día 10 se preguntó desde Madrid en qué plazo de tiempo se podrían construir unas calderas nuevas, lo que no llegó a producirse, pues el 15 de octubre el buque fue inspeccionado y obtuvo el visto bueno a las obras realizadas. Un día después sólo faltaba por embarcar los víveres. El 17 se ordenó que fuera repostado con dos meses de provisiones y ese mismo día el capitán general de El Ferrol recibió otro telegrama ordenando la salida del vapor General Álava para La Habana con el transporte “que espera”.
Sin embargo, el barco salió el 21 para Santander con la instrucción de recoger en aquel puerto a los soldados y la orden anterior se la remite al comandante de Marina de Santander. Dos días después, el General Álava llegó a la capital cántabra con las calderas averiadas, debido a la marcha forzada de su máquina o a las pésimas condiciones en que se encontraba. Desde Madrid se previno al comandante de Marina “que se adopten las medidas más convenientes para la pronta y más perfecta reparación de la avería”.
Parece ser que al no disponer de tiempo suficiente para reponerle nuevas calderas se optó por una reparación, que el día 30 ya estaba hecha, pues en esa fecha, a las tres de la tarde, se procedió al embarque de los soldados “marcados” y al día siguiente salió para La Coruña, adonde arribó el 3 de noviembre, con la misión de embarcar al resto de la tropa que debía de llevar a Santo Domingo, vía La Habana, además de 2.500 fusiles y 2.000 sacos-tienda con destino a Puerto Rico.
Así lo pregunta en telegrama el ministro de Marina al comandante de Marina de Santander: “Pregunte al comandante del Álava si además del transporte que debe conducir a La Habana podrá embarcar en La Coruña dos mil quinientos fusiles que urgen enviar a aquel punto y dos mil sacos-tienda con destino a Puerto Rico. Contestación telegráfica inmediata”. La respuesta, de acuerdo con la premura, no se demoró: “El vapor puede llevar los fusiles y las tiendas pero será en la bodega y hay que acondicionarlos y preservarlos de la humedad”.

El vapor "General Álava", envuelto en llamas en la bahía de Santa Cruz de La Palma, donde acabaría hundiéndose
Ciento veinte años después, el director del Museo Naval de Santa Cruz de La Palma, José Feliciano Reyes -viejo y buen amigo-, pudo comprobar la existencia de este emparetado al descubrir enterrada, en el fondo arenoso donde descansan los restos del General Álava, una caja de fusiles que se encontraba perfectamente estibada sobre un trozo cilíndrico de madera de unos seis centímetros de diámetro.
En estas condiciones, el vapor General Álava zarpó de La Coruña rumbo a Puerto Rico y La Habana el día 5 de noviembre de 1863, al mando del teniente de navío Gabriel Pita da Veiga, que era el comandante del buque desde el 28 de octubre de ese mismo año y tenía órdenes concretas de hacer rumbo a las Islas Canarias, pero sin hacer escala para acelerar el viaje lo máximo posible.
Cuatro días después del comienzo del viaje, navegando con buen tiempo, la máquina funcionaba con normalidad pese a lo cochambroso de sus calderas. A las siete y media de la tarde del día 9, cuando se encontraba al Norte de La Gomera en la latitud 29º 26′ N, se advirtió un escape de gases de la carbonera de babor, que aumentó de forma alarmante.
La carbonera contenía unas 500 toneladas de carbón y cuando la escotilla se abrió se advirtió que la combustión provenía del fondo, en donde la temperatura era mucho más alta. Se procedió a tapar con mantas de lana las escotillas, dejando únicamente abierta la salida a la cámara de máquinas. Las crónicas de la época dicen que la tropa trabajaba con la mejor voluntad en todas estas faenas. Antes de proceder al cierre se intentó extraer el carbón de la carbonera afectada, pero las tareas fueron suspendidas al caer la noche, ya que el vacío creado unido al calor del tubo de vapor que pasaba por la carbonera, ocasionó una corriente de aire que hacía imposible continuar el trabajo.
Fue entonces cuando el comandante Pita da Veiga ordenó poner rumbo a Santa Cruz de La Palma. La decisión no era fácil, pues tenía La Gomera más cerca y buenas playas en el Sur de Tenerife para una varada de emergencia aunque, al parecer, en caso de necesidad, la tropa debía desembarcar en un puerto o en alguna playa al abrigo del NE dominante.
Lo cierto fue que decidió venir a Santa Cruz de La Palma, adonde el barco arribó el 11 de noviembre, al amanecer, dando fondo en su rada y dejando a popa la playa de Bajamar. Aunque no estaba al abrigo del NE, tampoco representaba un peligro para un desembarco masivo de soldados, en caso de necesidad.
Fondeado a la gira se procedió a un reconocimiento exhaustivo de la carbonera y los soldados, viendo al fondo la playa de Bajamar, tranquilizaron los ánimos. Durante el día, en los trabajos estuvieron a punto de asfixiarse cuatro hombres. A las ocho y media de la noche se mandó un bote a tierra para solicitar que al día siguiente estuviese un pailebote al costado del General Álava para desembarcar a la tropa, pero a las 11 de la noche el ayudante de Marina ordenó salir a todas las embarcaciones disponibles, pues había encendido un gran farol rojo, en señal de auxilio urgente. Entre tanto, a bordo del General Álava se había trabajado sin descanso para sacar las 500 toneladas de carbón de la carbonera afectada, y hasta aquella hora se habían retirado unas 200 toneladas, es decir, menos de la mitad, paralizándose los trabajos por la gran cantidad de calor y gases que desprendía.
Reunida la junta de oficiales y maquinistas, el comandante Pita da Veiga, siguiendo la decisión adoptada, ordenó poner en comunicación el tubo de la sirena del barco con el interior de la carbonera para inyectarle vapor de agua a presión. Preparado el tubo se encendió una caldera y se trabajó durante dos horas a una presión de unas cuatro atmósferas, comprobándose que el calor de los mamparos exteriores aumentaba hasta alcanzar los 230 grados Fahrenheit.
A las cinco de la madrugada del día 12 se ordenó el desembarco de la tropa con su equipaje en las embarcaciones que habían acudido en su ayuda, lo que se resolvió en cuatro horas y media sin incidentes dignos de mención.
Terminada esta operación pasó a bordo del General Álava el ayudante de Marina de Santa Cruz de La Palma y el comandante Pita da Veiga ordenó enfilar la proa del buque hacia la playa de Bajamar, en un fondo de arena, con el objeto de salvar todos los objetos posibles y anegarlo en un fondo de arena después de abrir las válvulas. Pero ese objetivo no se logró.
El buque, con la máquina en marcha y dando atrás enredó la hélice en un cabo y hubo necesidad de subir las velas de cuchillo para tratar de gobernarlo hacia la playa, hundiéndose finalmente en un fondo de unos diez metros. Esto ocurría a las cuatro de la tarde con el bergantín Amparo próximo a la borda del General Álava, procediendo toda la tripulación al trasbordo con algunos equipajes, víveres, los caudales de Hacienda y demás efectos personales. Apenas hora y media después, el personal contemplaba desde tierra la silueta del buque semisumergido con parte de la proa flotando y su arboladura al aire.
Aquella noche la mar comenzó a picarse y la popa quedó anegada por el agua, y aunque al día siguiente -viernes, 13 de noviembre de 1863-, se había proyectado su reflotamiento, el aspecto que ofrecía al amanecer era desolador: la fuerza de la marejada había partido el buque en dos y su aparejo, velamen, chimenea, eran un amasijo de hierros, cabos y palos. Todo había terminado.
El alcalde de Santa Cruz de La Palma, en unión de algunos concejales y vecinos de la ciudad, así como el gobernador militar interino y el ayudante de Marina, proveyeron a la expedición del General Álava de los víveres necesarios, entrando, dice la crónica de Juan B. Lorenzo, “de tienda en tienda con los soldados destinados a hacer las compras, impidiendo así que los artículos de primera necesidad subiesen de precio en perjuicio del pueblo”.
Mientras tanto, en Santa Cruz de Tenerife corrieron “las más absurdas voces” acerca del trato dispensado en la capital palmera a los soldados del General Álava. Conocida la noticia, en Santa Cruz de La Palma se produjo un gran revuelo y malestar.
El día 22 de noviembre arribó el pailebote General Prim, en el que viajaba el segundo comandante de Marina, quien determinó que se habilitasen algunos buques surtos en la bahía -Rosario, San Miguel y Amparo- para el traslado de la tropa a Tenerife. Al día siguiente apareció la polacra española Gravina, con la misma finalidad y el día 24 arribó el vapor británico Speedwell, cuyo capitán manifestó que había acudido en ayuda de los náufragos como un acto humanitario.
Al día siguiente, cuando unos buzos se ocupaban de extraer el armamento del buque siniestrado, uno de ellos sufrió un accidente que le causó la muerte. El cadáver fue recuperado cinco días después, recibiendo sepultura en el cementerio católico de la ciudad. Por último, en la mañana del 9 de diciembre arribó el vapor de guerra Concordia -comandante teniente de navío Gabriel Campo-, con cuatro buzos que consiguieron rescatar 36 cajas de fusiles, varios de ellos sueltos.
Para tratar de olvidar las penas, la oficialidad del Batallón provincial celebró una fiesta en la noche del 13 de diciembre, en la casa del capitán Francisco García Pérez, a la que asistieron los jefes y oficiales de los buques General Álava y Concordia “con un brillante baile y un espléndido refresco”.
Publicado en DIARIO DE AVISOS, 22 de agosto de 2004
Foto: Dibujo del capitán Francisco Noguerol Cajén (Santa Cruz de La Palma)